El que conoce descubre y el que descubre se conoce.

Un viaje siempre inicia como un deseo, un sueño, o tal vez un plan. Con algún objetivo más o menos formal que tiene como principal interés lanzarse a conocer y fundamentalmente a descubrir.


Analicemos un poco los conceptos, sabemos que conocer es una acción con el fin de tener una noción o idea de algo. Entonces suponemos que habrá en el medio de ese derrotero una investigación, la búsqueda de información y el conocimiento sobre un asunto siempre se hace presente de manera empírica o racional en el proceso.


En el medio de un viaje algunos se tomaran con mayor o menor rigurosidad la indagación en la construcción de ese saber, pero siempre sucederá, porque a cada paso que demos en un lugar desconocido sumaremos información y datos.


Cuando hablamos de descubrí ahí el termino encierra otros aspectos muy vinculados a la sorpresa por las características que presenta, es decir que suponemos que aquello por conocer, develar nos va a impactar de una manera distinta, frente a la cual probablemente quedamos maravillados o impactados.


Uno en un viaje siempre espera que esto suceda, consciente o inconscientemente; y la realidad es que siempre acontece algo que nos impacta, siempre habrá un aprendizaje, algo que nos maraville y nos sorprenda, algo único y desconocido que se nos revelará. A veces todo eso sucede en el afuera y muchas veces sucede adentro nuestro.




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