EL ZORRO en su círculo

Actualizado: sep 18

Todos hemos sido espectadores de la vida del Zorro, la historia cuenta que como todo héroe que se gesta con su propia humanidad, sin poderes extraordinarios o ayudas del universo, inicia un proceso de construcción personal, focalizada en su historia y en el afán de hacer de este un mundo mejor.




El Zorro al inicio no era hábil, ni en sus movimientos, ni en el manejo de su espada, no dominaba su caballo, seguro no era un seductor y muchos menos un ganador, todo fue obra de una decisión.

En sus inicios, dicen que era un tipo cuya ansiedad por corregir los males del mundo lo hacían algo torpe, pero como en toda historia de esta naturaleza, siempre se cruza alguien que les cambia la perspectiva de las cosas. Al zorro le tocó encontrarse con Don Diego de La Vega, quien le enseña básicamente el reconocimiento de él mismo.


En una escena de la famosa película protagonizada por Antonio Banderas y Anthony Hopkins, vemos como Alejandro está parado en el centro de un círculo y el maestro le propone olvidarse por un momento de todo aquello que quiere dominar y que se encuentre por fuera del círculo. “ Ahora este pequeño círculo es todo, es su universo, lo único que importa: “No hay nada fuera de él”, sentencia.


Sin dudas algo que puede parecer tan ajeno y elemento, se convierta en la clave: una invitación a ocuparse de sí mismo, de mejorar su versión. Cada mejora, cada avance y progreso en sus habilidades, lo acercará cada vez más a su propio ser, al dominio de sí mismo, a la mejora de sus habilidades, y así podrá entregarle al entorno su mejor versión.



En algún momento todos somos el Zorro en su versión inicial. Algo desdibujados, a veces tenemos entornos que queremos controlar como sea, acumulando frustraciones por aquellas cosas que inevitablemente nunca podremos dominar. Situación que nos lleva a caer en la queja, en el reclamo constante, en la frustración y mientras tanto, nos postergamos a nosotros mismos, que es en definitiva donde mejor podemos operar (el único lugar en el que somos dueños absolutos de nuestros dones)

No se trata de lo que nos sucede alrededor, sino cómo nos relacionamos con eso. Y la forma en que nos vinculamos dependerá de cómo estamos parados frente a eso. El control y la dominación, una vez que esto suceda verás como dominarás la forma en la que te relacionas con el entorno.

Cómo se conectamos esto con el deporte, por un lado con el término competencia, la dificultad que nos encuentra trabados en el lamento, en la comparación, atentos más en el otro, que en nosotros mismos. Cada vez que hacemos eso le quitamos energía a nuestro propio avance, a focalizarnos en lo que a nosotros nos falta, o no tenemos.


Terminamos en una situación de postergación de nosotros mismos. Lo mismo en nuestro trabajo, en nuestros desafíos personales.


Algunos entrenadores traducen esta versión cinéfila a una llamada entrenamiento M2 (metro cuadrado). Algo así como “ocupate de lo tuyo”. Tu metro cuadrado sos vos, solo vos, tu físico, tu destreza, tu emoción, tu rol, tu persona entera inmersa en algo más grande. Nuestro propio círculo y el dominio de nosotros mismos.


Nuestro propio círculo del zorro, puede ser una acumulación de elementos fundamentales que nos hacen a nosotros mismos, que se retroalimentan entre sí y nos ayudan a operar en nuestro entorno. Una buena administración de estos recursos, para lo que no se requiere ningún talento, nos provee del equilibrio adecuado de energía para desempeñarnos.


Abordamos con preguntas esos elementos:


Nuestro Cuerpo

¿Estás cómodo físicamente?

¿Qué haces para sentirte más saludable?

¿Tus alimentos le hacen bien a tu envase?


Nuestras Emociones.

¿Qué capacidad de reconocer emociones tenes?

¿Cuántas veces las compartís con tu entorno?


Nuestro Lenguaje

¿Estas prestando atención a tu lenguaje mientras conversas con los demás?

¿Cómo te hablas a vos mismo?

¿Qué dice tu cuerpo cuando te movés?


Mente

¿Dedicas tiempo a aprender cosas nuevas?

¿Guardas tiempo a descansar “la cabeza” sin hacer absolutamente nada?


Espíritu

¿Para qué o por qué haces lo que estás haciendo?

¿Logras encontrar algo más grande que vos mismo en el por qué de tus acciones?



Finalmente son preguntas que no sirven para motivar el autoconocimiento, algo que dicen muchos y practican pocos. Porque contestar las preguntas supone después actuar en consecuencia y ahí es donde muchos se quedan a mitad de camino.


Por lo tanto como dijo Ghandi «Tú debes ser el cambio que quieres ver en el mundo», no busquemos nada afuera sin primero resolver lo que sucede dentro, de nuestro círculo, de nuestra vida, de nuestras elecciones.-

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