Cuestión de principios

Que evocamos cuando hablamos de principios, podríamos partir diciendo que es un lugar o un momento en el que debemos defender una convicción (de otros o de uno mismo).



Extrañamente hablo de principios y lo pienso como un bastión que tengo que salvaguardar, muchas veces de mí o ante los demás..., ¿será que los principios son tesoros que debemos cuidar?

El destino me sitúa infinidad de veces, frente a un reto, una adversidad, o un plan que me propuse cumplir, a la luz de principios que no voy a ceder. La pelea diaria para no claudicar de cara a lo creo y siento, en cada detalle, en cada elección, parte de mí se mueve con la intuición a la que responde mi cuerpo, pero otra parte conecta con la razón, que me da la seguridad de saber qué es lo que quiero, y cuando eso sucede, nada parece imposible.

Un principio es aquello de lo que nace una cosa, el origen de una existencia, algo que nos orienta y definen en nuestro accionar, una manera de atravesar nuestra existencia, atados a un puñado de ideas que marcan nuestro camino.

Como cuando corres y te propones conseguir un objetivo, rendir al máximo de tus capacidades, esforzarte, no dejarte caer al abandono o el retiro de un propósito, seguramente el sacrificio que te impone el desafío requiere siempre, no importa el contexto, de sostener convicciones que te impulsen a seguir sin rendirte.


Tomar una decisión, trazar una meta, tener un sueño o un propósito en parte tiene que ver con los principios, con aquellas cosas que para nosotros son importantes y tienen un valor, aunque nos cueste sostenerlas.

Existe algo que nos guiara para andar ese camino, pero no sólo tiene que ver con una cuestión física o de voluntad, se trata fundamentalmente de una convicción, de un motor que nos impulsa a defender eso que nos propusimos hacer de nuestras vidas, con ese puñado de ideas que llevamos encima.


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